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Programa 11 – 13/11/2018

Escuchá completo el programa 11 de Las Industrias Culturales.

Juca valorizó la función del Estado en la cultura: “El rol del estado en la cultura es muy amplio: garantizar los derechos culturales, crear un ambiente favorable para un desarrollo cultural al acceso de todos, permitir que los artistas y creadores tengan libertad de expresión, financiación y posibilidades de promover su arte, aunque los neoliberales en Brasil tienen la fijación de extinguir el Ministerio de Cultura y transformarlo en una dependencia de otro ministerio con una función únicamente de transferencia de recursos, elitista y selecta. (…) El estado tiene un rol menor en la producción cultural, pero una responsabilidad enorme e intransferible en la promoción y el acceso. El mercado permite el acceso pero un acceso que es del tamaño del bolsillo”.

Alexandre Santini, gestor cultural y dramaturgo, y que acompañó la gestión de Juca en el ministerio, se refirió, entre otras cosas, a la política Puntos de Cultura: “Se logró establecer en Brasil una generación de gestores culturales que actúan de una nueva manera en la comunidad, el ámbito académico o el ámbito político institucional, más amplia y horizontal. Los Puntos lograron que todas las manifestaciones culturales se integraran en una misma red, muy potente en términos de transferencia de poder”.

Entre otros temas, Juca se refirió al fenómeno de las fake news y al presente político: “La democracia no estaba preparada para lo que internet potencializa en la sociedad. Hay intervenciones maléficas de modificación de opinión pública, mistificación, manipulación. En Brasil enviaron toneladas de mensajes desde Andorra, para evitar controles del estado brasileño, clasificaron al público para ver qué tipo de mensaje eran más eficaces, apelando a la emoción en vez de la razón. No hay posibilidad de analizar la victoria de Bolsonaro sin los fake news”.

“Se reduce el estado a una cuestión económica sin una comprensión compleja de la vida social, que no es compatible con el arte y el desarrollo cultural. Pero la visión de que solamente hay que producir y consumir mercaderías, no cabe en Brasil. Van a tener que recurrir a la represión. (…) En Brasil hay una tradición anti-popular, autoritaria y de poco apego a la democracia, y además, como en todo el mundo, está el capital financiero, al que no le interesan las democracias sino las ganancias y no tiene una perspectiva civilizatoria. Las democracias de todo el mundo están siendo atacadas”.